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Capítulo 1
(fragmento)

Salté de la cama no bien salió el sol. De vacaciones en Mar del Plata, hubiera podido quedarme acostado hasta cualquier hora. Pero a veces hay que levantarse temprano, sobre todo cuando uno está a punto de darles a los grandes la sorpresa más espantosa de su vida.
Sin hacer ruido, abrí la ventana y me asomé. La hamaca del castaño se balanceaba sola, no vi a nadie en el jardín. Mejor.
Aparte de que el viento soplaba fuerte, era un día espectacular. Miré el horizonte: el mar se había tragado la tormenta.
Anoche casi me matan, pensé, masajeándome las orejas con las puntas de los dedos. Y no estaba exagerando: en el espejo del baño confirmé que seguían bien coloradas por los tirones, y además me había aparecido un moretón en el hombro. Papá y la Gorda odian que vaya a lo de Victoria, y para colmo yo había vuelto empapado bajo la lluvia, tardísimo. La del moretón en el hombro fue la Gorda, que tiene más fuerza que mi viejo y todo. Aunque ya me las va a pagar, claro que sí.
Noté que dos lágrimas secas me cruzaban la cara. Abrí la canilla y me lavé. ¿Habría llorado durmiendo? No sé si eso pasa, llorar dormido. A lo mejor sí, cuando uno anda muy triste. Pero estoy por escaparme para siempre, y esto me pone bien contento.
Saqué del armario las bermudas de jean y el buzo de Las crónicas de Narnia. Iba a calzarme las ojotas, pero lo pensé dos veces: si hay que correr, prefiero las alpargatas.
Venían ruidos de arriba: papá y la Gorda ya se habían levantado, maldita sea. Discutían, como siempre. Presté atención a ver si decían algo de mí, pero los zumbidos de la afeitadora de mi viejo tapaban bastante las voces. Un poco alcanzaba a entender:
—Irene... mi hijo... educo... yo quiero...
—Sí, pero la... queda sin playa soy yo...
A la que más oía era a ella, que enseguida levanta la voz porque es más mala que una perra rabiosa. Siempre se la pasa amenazándome con que me va a mandar a un colegio pupilo. Ahí vas a ver lo que es bueno, pibe, dice delante de papá o de quien sea. La Gorda asegura que los alumnos pupilos viven directamente en el colegio, son chicos que jamás ven a los padres. También me cuenta de un tipo que ella dice conocer en persona, un Inspector. Me lo cuenta tanto que ya me lo sé de memoria todo ese zumbido de mosca imbécil: ¿Sabés, pibe? El Inspector se viste de negro, con galera y todo, y vigila los pasillos del Instituto todo el tiempo. ¿Y sabés lo que les hace el Inspector a los que se portan mal como vos? A los que se portan mal como vos, el Inspector los lleva a un sótano con ratas y sapos y cucarachas, ¿sabés? Y los deja ahí sin comer hasta que se le ocurre que ya están suficientemente castigados. Algunos se pasan no sé cuántos días sin comer. Otros, los que se portan mal como vos, se pasan semanas. Y hasta se pasan meses sin comer, ¿entendés? Incluso hay chicos que no salieron nunca del sótano. Chicos que se portaban mal, pero no tan mal como te portás vos.
O sea que, además de mala, la Gorda es mentirosa y estúpida. A veces parece que me hablase como si yo tuviera cinco años, como si fuese un tarado. Y me vienen ganas de irme de pupilo, aunque sea para no tener que verla jamás. Prefiero morirme de hambre a tener que verla y aguantarla. Y encima papá no le dice nada.
Las orejas todavía me ardían, pero eso no era lo peor. Después de la paliza me habían metido en la ducha, y mi viejo me mandó a la pieza. Y me hizo jurar que nunca más vería a la piojosa de Victoria. La piojosa. Así la llamó. ¡Y mañana mismo —gritó antes de pegar un portazo— voy a hablar con el padre! Yo sé que eso no es cierto. No puedo imaginarme a papá, que usa perfumes importados, discutir de igual a igual con el viejo de Victoria, que siempre apesta a vino. Encima, además de siempre apestar a vino, el pobre tuvo un accidente en el Puerto, que apenas puede quedarse derecho.
Y si para mi viejo Victoria es una piojosa, para la Gorda es una vaga que nunca pisó un colegio y que además debe tener garrapatas, por cómo se rasca la cabeza y los sobacos, igual que una mona. Cuando una vez le expliqué que nunca la había visto hacer cosa parecida, me ligué un bife que me dio vuelta la cara. A mí no me retruques —dijo la Gorda con una tranquilidad espantosa, después del bofetón—. Aquella es una sucia, es una desobediente peor que vos. Y los padres, mejor ni hablar. Ni loco se te ocurra andar con ésa.
Como ya dije, la Gorda es más mala que Voldemort, Sauron y Magneto, los tres juntos. Si llega a enterarse de lo que está por pasar, me deshace.

(continuará...)